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Querido amigo:

en el último mensaje dejé caer algo acerca de la necesidad de tomar decisiones. Hoy quiero hablarte más profundamente sobre esto, ya que será esencial en el camino que tenemos que recorrer, tanto en el corto como en el largo plazo.

Seguro que has tomado muchas decisiones en la vida. Cada minuto que pasa estamos tomando decisiones. Desde que te levantas hasta que te acuestas estás decidiendo hacer cosas o no hacerlas. Algunas son como un acto reflejo y otras cuestan más. Esta mañana, por ejemplo, decidiste levantarte en vez de quedarte en la cama. Pero todo esto son decisiones.

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¿Para qué sirven las decisiones?

Las decisiones son las que ponen en marcha nuestro aparato locomotor. Es el último paso desde que hemos pensado en hacer algo hasta que el cerebro ordena a nuestras manos o nuestras piernas y otras partes de nuestro cuerpo que hagan algo. Gracias a esas decisiones, podemos utilizar las herramientas que tenemos en nuestras manos para hacer cosas: comer, trabajar, hacer deporte, estudiar, ayudar, hablar…

Una persona puede pasarse la vida soñando y deseando profundamente hacer cosas, pero si no tomara decisiones día a día, minuto a minuto, nunca podría conseguir nada.

Aunque todo parece muy fácil, tomar decisiones es una de las cosas más extraordinariamente difíciles que existen en la vida. Pero es la clave que ha servido para hacer que las personas caminen hacia su objetivo, o por el contrario, se dejen llevar por los caprichos y las pasiones temporales. Déjame que te explique en qué consiste el arte de la toma de decisiones.

El arte de tomar decisiones inteligentes

En el mundo de la economía se habla de un concepto que quizás ya hayas oído. Es el “coste de oportunidad”. Significa que cuando tomas una decisión, estás invirtiendo tiempo y recursos en llevar a cabo una determinada acción. Podrán ser más o podrán ser menos, pero has tomado la decisión de hacer eso, y no otra cosa.

Es decir, has tomado una decisión, has elegido hacer algo y te has puesto hacerlo. Eso implica una RENUNCIA a hacer otro tipo de cosas que podrías haber realizado en ese mismo momento y que no has podido hacer porque estabas haciendo la otra.

¿Por qué pasa esto?

Porque somos seres limitados; tenemos recursos limitados, pero necesidades ilimitadas. No podemos hacerlo todo a la vez. Tenemos que renunciar a algo. Nuestra libertad es una bendición, pero al mismo tiempo implica que tenemos que asumir un coste de oportunidad. Arriesgarnos a perder algo por hacer otra cosa mejor.

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¿Cómo gestionar bien nuestro “coste de oportunidad”?

He ahí la pregunta del millón. ¿Cómo tomar las decisiones correctas que me encaminen hacia el futuro que he deseado, imaginado y planificado? ¿Cómo asegurarte de que no he tomado una decisión fatal que me aparta para siempre de mi camino?

Renunciar a hacer algo por hacer otra cosa no es en sí mismo malo. Puede que en el futuro tengas tiempo para poder hacerlo. En cambio, si renunciaras a hacerlo ahora, en el futuro podrías hacer las dos cosas.

Te pongo un ejemplo. Tú tienes la opción de gastarte todos tus ahorros en cosas que te gustan. Supongamos que quieres hacer un viaje por Asia durante uno o dos meses. Tienes 6000 € (o dólares) en el banco y justo esa es la cifra que has presupuestado gastar. Si decides finalmente hacer el viaje y empiezas a pagar billetes y reservas de hotel, habrás tomado una decisión.

Pero, ¿qué habrá pasado?

¡Que cuando vuelvas del viaje, te habrás quedado con tu cuenta a 0 € y no tendrás dinero ni para pagar las facturas!

El coste de oportunidad habrá sido MUY ALTO. Tu decisión presente habrá comprometido tu futuro, de manera que en los próximos meses tendrías que estar trabajando duramente, controlando gastos y tratando de recuperar el ahorro perdido.

Eso en el supuesto de que no surgieran otros gastos, que ya no te permitieran ahorrar ese dinero y no pudieras ni comer. O en poco tiempo te quedaras sin trabajo, y te vieras que no tienes ahorros para sobrevivir. Porque la vida está llena de incertidumbres.

Ese dinero podrías haberlo utilizado como un fondo de reserva para tu futuro negocio o para poder mantenerte durante unos cuantos meses, en el caso de que te despidieran de tu empleo. O podrías haber hecho un viaje de menos tiempo, y dedicar parte del dinero a aprender inglés e invertir en tu formación a medio plazo.

Amigo mío. No te digo todo esto por pintarte un panorama negro.

No se trata de vivir con miedo pensando que no se puede gastar ni un centavo porque el día de mañana nos vamos a quedar sin empleo. No es bueno ser “roñosos”, ni “tacaños”, ni regatearle una piruleta a un niño.

Pero sí que tienes que saber esto. “Que tomando decisiones responsables, prudentes, tienes muchas más probabilidades de crecer y prosperar que jugándotelo todo a una carta”. A veces querer cumplir tu sueño antes de tiempo puede arruinarte la vida.

Piensa que esos seis mil euros pueden convertirse en ocho mil, nueve mil, diez mil en un plazo razonable de tiempo. Teniendo menos gastos que ingresos, tus cuentas aumentarían y podrías disponer de una tranquilidad mucho mayor porque estás tomando las decisiones correctas, siendo paciente y pensando no sólo en el corto plazo (yo quiero irme de viaje), sino en el largo plazo (quiero tener libertad financiera para hacer viajes regularmente sin perder hasta la camisa).

coste de la oportunidad

¿Por qué la gente no aprende a tomar decisiones?

Esto, amigo mío, es tan sencillo como sumar y restar. Pero muchas personas nunca lo logran aprender y por eso no consiguen hacer realidad sus sueños. Antes de la crisis, pensábamos que los tiempos de “bonanza económica” iban a durar siempre, en lugar de cuidar nuestro dinero de forma sensata, tratando de crear un futuro que se ajustara a nuestras expectativas.

Debemos defendernos de esa falsa idea que nos meten en la cabeza: “consumir, consumir, consumir”. Tus sueños son mucho más grandes que la próxima borrachera, o las últimas rebajas de los grandes almacenes.

Piensa en el mañana, amigo. Arriesga para conseguir tus verdaderos objetivos en la vida, pero no comprometas tu futuro con decisiones temerarias. No renuncies al pastel por unas migajas.

Con este básico principio, que puedes aplicarlo tanto a la vida cotidiana como en tu proyecto de vida para los próximos años, lograrás mucho más que las personas que están a tu alrededor y que viven sólo para satisfacer sus vicios inmediatos en vez de cumplir su vocación en la vida.

Hasta la próxima carta.

¡No Te lo Pierdas!